Revista La Maza N° 29



EDITORIAL
  La crisis internacional, que ahora ha tomado como epicentro a la Unión Europea, sigue profundizando su rumbo hacia la desarticulación general del régimen capitalista. Tambalean empresas, bancos, instituciones, gobiernos, legitimidades, certezas y verdades que se suponían intocables. Se estremecen partidos centenarios y líderes carismáticos repudiados por los mismos ciudadanos que los acaban de votar. Sorprende con una respuesta popular cada vez más masiva, contundente, global y ajena al control de los siempre dispuestos aparatos reformistas, tradicionales y remixados. La crisis se sucede de manera espasmódica, pega saltos bursátiles, combina euforias fugaces con profundos desazones; entremezcla la sensación de doblegar a los indómitos mercados especulativos con el desánimo de aceptar que se trata de algo mucho más profundo que desarreglos de deuda y bolsas. Desnuda la fragilidad de lealtades y sociedades que no resisten al más mínimo estremecimiento bursátil; se muestran los dientes, gruñendo, naciones y gobiernos que se juraban hermandad eterna…Nunca, en décadas, ha sido tan incierta y endeble como ahora la arrogancia de eternidad del capitalismo.
En Grecia, un desprestigiado Giorgios Papandreu, primer ministro social-traidor, acorralado por las huelgas y la violencia creciente de las protestas y acosado por la intransigencia usuraria de los acreedores –liderados por Sarkozy y Merckel- ha decidido dar un paso al costado. Ha convocado a un plebiscito para que sea el enardecido pueblo helénico quien decida aceptar o no el pliego de rendición –con quita minina de deuda incluido- , que no otra cosa es el nuevo salvataje propuesto.
Sigue así el camino de Islandia, donde, después de grandes luchas el pueblo logró un referendo para decidir si pagar o no la deuda exigida por los bancos ingleses y, por dos oportunidades consecutivas, masivamente rechazó hacerse cargo de la factura de los usureros. La noticia sacudió a una ya sacudida economía internacional. No hubo bolsa que no cayera, no hubo analista que no señalase que Grecia se iba del euro, que los acreedores no iban a cobrar nada y, hasta hubo quienes profetizaron –en el previsible caso de que triunfase el NO! en esa elección- la necesidad de una intervención militar colonial sobre tierra helénica para garantizar lo imposible: el pago. Con Grecia “colgada del pincel”, el sacudón se desplaza a Italia, tercera economía de la U.E. y primer burdel del proxeneta Berlusconi, y se hace terremoto. Si la península sigue como va, barranca abajo, la U.E. y su monstruito, el euro, tienen los días contados. En realidad, la situación griega amerita decir que el proyecto europeísta ya está irremediablemente quebrado. Pero no todo es confusión en este vertiginoso proceso de decadencia civilizatoria: algunas cosas se aclaran cada día más. Una de ellas es el agotamiento de las mentiras de los reformistas, se llamen, estalinistas, social demócratas, maoístas, “tercer mundistas” o “foristas” (la “intelligentzia” de los foros sociales), que han pretendido adjudicar la crisis al “neoliberalismo”, a los usureros y a la preeminencia de la especulación sobre la producción. Encubren su cerrada defensa del régimen capitalista, que es quien está verdaderamente en agonía y al que pretenden revitalizar curándole sus males y excesos. Son tan reformistas que, como decía Engels, creen que el socialismo es el capitalismo sin sus defectos y maldades!! Entonces proponen impuestos a los especuladores, en lugar de pregonar la expropiación revolucionaria de los bancos; proyectan economías capitalistas “más reguladas” en vez de bregar por la economía socialista gestionada por los trabajadores; suplican por “mayor democracia” para aplazar la revolución socialista hasta el día del apocalipsis; piden asistencia social para los oprimidos, en lugar de justicia social sobre la ruina de los opresores; hablan de “redistribuir la riqueza” cuando de lo que se trata es de apoderar a los explotados de la riqueza que ellos producen y les expropian los capitalistas que alimentan con sus migajas a éstos crápulas de la conciliación de clases y la entrega. Pero no sólo son consejeros del amo capitalista: actúan también como guardianes del orden -tal como lo están haciendo en Grecia e Italia- y son los artífices de la campaña de desprestigio de toda resistencia popular, especialmente si es violenta, en nombre de una “pureza académica del izquierdismo bien entendido”. Así, los mismos que bancaron a los gobiernos laboristas traidores, repudiaron a los “vándalos” en Gran Bretaña; así los alcahuetes de Khadaffi, los que durante años alabaron al gorila beduino, ahora engloban en el rótulo de “mercenario” a toda la resistencia popular libia; así descalifican, tildándolos de “aventureros y provocadores” a los anarquistas, a los autonomistas, a la juventud radicalizada italiana, española o griega, en fin a todos aquellos que no han sido domesticados y que no comen alimento de perro faldero. Pero, su vuelo es más corto que el de una gallareta: la dinámica de la crisis capitalista, por un lado y el crecimiento y radicalización de las protestas por el otro, los está transformando, al igual que sus amos, en cosa del pasado.

SE ACABÓ LA ÉPOCA DEL TERO

En tanto, en la periférica Argentina y pese al pregonado blindaje “nac & pop”, la crisis acaba de arribar a éstas lejanas playas. De pronto, debutamos noviembre con control de cambios, con exigencia de repatriación de divisas a las mineras, petroleras y aseguradoras, con suspensiones de personal en la industria automotriz -brasilero dependiente-, con la eliminación parcial de subsidios al consumo de gas, energía y agua para varios sectores empresariales y otras medidas tendientes a un ajuste del gasto público en vistas a la época de vacas flacas que ya llega. Mientras un sector del gobierno y la burguesía pretenden reforzar sus posiciones volviendo al festival de bonos y deuda externa, con sus premios, cometas y corruptelas, otro sector se orienta más al ajuste y a la reducción drástica de subsidios, al achique salarial y a medidas selectivas y parciales de aumento de la recaudación. Claro que el eclecticismo del modelo le permite “vender” como progresista, por igual, ambas recetas antipopulares, juntas o por separado. Lo cierto es que los tiempos del tero –gritar en un lado del potrero y poner los huevos en el otro- han llegado a su fin y comenzaremos a vivir los mismos vértigos, angustias y convulsiones que hoy estremecen a Europa. El gobierno del 54% tiene todas las herramientas políticas a su alcance para hacerle pagar la crisis a sus responsables; el problema es si querrá ponerle los cascabeles a un gato tan cercano a sus intereses y tan preciado en sus afectos. Nosotros creemos que no, que elegirá seguir el mismo camino de sus amigos del G 20 y que descargará sobre los hombros del pueblo el peso de la recomposición capitalista. En cualquier caso, sólo la organización autónoma de los oprimidos enarbolando un programa anticapitalista, socialista y libertario podrá torcer el rumbo y hacer que esta sociedad de explotación y barbarie sea, apenas, un recuerdo trágico en la historia humana.

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