Revista La Maza N° 54


EDITORIAL
En estos momentos en los que el gobierno “nacional y popular” (¿?) está negociando la mejor manera de rendirse ante los usureros de turno sin que parezca lo que es, una nueva capitulación ante sus amos, éste editorial de LA MAZA debería analizar las consecuencias de ésa rendición. También deberíamos comentar acá, el creciente malestar social, las explosiones de bronca y las luchas con las que el pueblo argentino comienza a responder al giro a las políticas de hambre  de este gobierno.  Sin embargo, suceden cosas terribles en el mundo que imponen su propia agenda y transforman nuestros sacrificios y penurias en temas menores. La masacre que están llevando a cabo los sionistas –fascistas judíos- contra el inerme pueblo palestino se impone por su propio peso a cualquier otro hecho. Al cierre de esta edición, los muertos palestinos en Gaza suman más de seiscientos, casi todos ellos civiles, casi cien niños, casi 150 mujeres. Un territorio que al suplicio de ser el campo de concentración más grande de la historia moderna, agrega ahora el lúgubre título de convertirse en un cementerio multitudinario donde un pueblo arrinconado espera el turno, anunciado por volantes, trompetas  y sirenas judías, en el que sus aviones demolerán sus viviendas, escuelas, hospitales, plantas eléctricas, infraestructura, vidas y sueños.
Bendecidos por rabinos que acompañan el genocidio, aplaudidos por el 90 % de la población israelita, apañados por todo el capitalismo internacional, financiados por empresarios judíos de todo el mundo, los fascistas israelitas pisotean el derecho internacional, cometen los peores crímenes de guerra y se vanaglorian del genocidio en curso. Apenas un puñado de judíos pacifistas manifiesta su rechazo a la agresión en las calles de Tel Aviv y son apedreados por la mayoría de la población y salvados del linchamiento por la policía. Una diputada  llego a decir por la televisión pública israelita que el objetivo del operativo era asesinar a las mujeres palestinas para que dejen de parir enemigos de Israel. Ninguna voz se escuchó, en el mundo de las democracias occidentales, mucho menos en su país, condenando este excremento fascista. Al contrario, todos ellos se esforzaron por poner un signo igual entre la paupérrima resistencia palestina y  la poderosa armada nazi sionista, como si fuesen equiparables hondas y blindados, oprimidos y opresores, asesinos y víctimas. Es innecesario resaltar todas  las  semejanzas del comportamiento del gobierno y del propio pueblo israelita  con la Alemania de Hitler. En su racismo siniestro, en su desprecio por el derecho y las más elementales garantías, en su impunidad y salvajismo, en el robo y el pillaje a los sometidos, en sus campos de concentración, torturas y exterminio, ambos, nazis judíos y nazis alemanes comparten una concepción del mundo donde sólo existe su ambición, su arrogancia, su desprecio por los otros pueblos y su afán de conquista y saqueo.
APLASTAR AL SIONISMO ES HONRAR LA VIDA!
Pero, así como nadie puede adjudicarle a las SS, a Hitler y al partido nazi la  responsabilidad exclusiva del fascismo y su genocidio y de la gran guerra que se llevó cuarenta millones de pobres, nadie puede, tampoco, delegar toda  la  culpa de ésta masacre en curso en la pandilla que gobierna Israel. Son inocentes los empresarios judíos que financian al partido nazi judío y su  gobierno, como Eduardo Elsztain, amigo dilecto de Cristina Kirchner? Están exentas de responsabilidad las organizaciones de la colectividad judía que apoyan a éste estado asesino, como la DAIA? Y la población judía argentina, que sufrió el genocidio de la dictadura, que enarboló las mejores tradiciones democráticas, que no dice una palabra, no tiene responsabilidad en la masacre que se realiza en nombre de su pueblo? Son impunes los intelectuales judíos que, pisoteando esa tradición democrática de su pueblo, callan ante  la barbarie realizada en nombre de su religión o peor, aún , intentan patéticamente justificarla? Y los empresarios y políticos que hacen negocios con los capitales sionistas y miran para otro lado con tal de no perjudicar esos arreglos, no tienen responsabilidad? Y los periodistas de los diarios (controlados o no por el capital sionista) que  son capaces de escandalizarse por hechos banales pero silencian  la masacre de Gaza, no son, también ellos, parte del manto de complicidad que los asesinos tienden por todo el mundo? Y el “gobierno de los derechos humanos”, que cierra su boca, mira para otro lado y  permite que su sionista canciller condene a Hamas y los palestinos mientras la aviación israelita demuele Gaza,  no es, también, parte de la red de apoyo al nazi-judaísmo construida por sus capitales y lobbies en todo el mundo? Y los organismos internacionales que debieran velar por la paz en el mundo y que realizan largas sesiones que no conducen a nada, mientras, hora tras hora, caen como hojas de otoño, pibes palestinos bajo las balas asesinas, serán absueltos de su connivencia con los nazis judíos?
No, ni ellos ni tantos otros que, por miedo, conveniencia, ambición o sociedad callan ante este exterminio podrán pedir las disculpas de la historia. Mucho menos podrán aspirar al olvido de los pueblos.  Todos sabemos para qué intereses jugaron, todos sabemos ante quiénes y porqué se arrodillaron. Pero todos sabemos que, como dice el refrán, “no hay cuenta que no se pague ni plazo que no se venza”. Un capitalismo en crisis, desbordado por la decadencia y con una ausencia creciente de hegemonía, es el telón  de fondo en el que la maquinaria asesina israelita se desenvuelve. Es, también y pese a los triunfos de sus tanques, el escenario en el que la historia empujada por la lucha de los pueblos saldará la cuenta. Israel, estado racista, nazi, teocrático, debe ser destruido, demolido hasta sus cimientos, para dejar paso a una nueva nación democrática y no confesional en la que puedan vivir en paz todos los pueblos de la región, tarea histórica que sólo la revolución socialista puede asegurar. Pero el Estado de Israel no deberá ser olvidado nunca: debe ser elevado al nivel de los autores de los grandes genocidios. El nombre de Israel deberá estar siempre asociado a la tragedia del pueblo armenio, del pueblo judío, del pueblo gitano, de los pueblos originarios americanos. Junto a los genocidas turcos y alemanes de aquellas épocas,  junto a Roca y Videla, la historia deberá reservar un lugar en la infamia universal a Israel.
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