Revista La Maza N° 65


EDITORIAL
  A principios de este mes en una de las tantas cadenas nacionales con las que CFK acosa la paciencia de los argentinos, la presidenta derramó lágrimas de dudosa sinceridad por la muerte del niño sirio Aylan Kurdi, ahogado en playas de Turquía cuando su familia huía de la guerra civil de Siria. Aprovechó, Cristina, la oportunidad para recriminar la hipocresía de los gobiernos europeos, insensibles ante el drama de centenares de miles de refugiados que huyen de las guerras y persecuciones en sus países, cuando la mayoría de esas situaciones son causadas, precisamente, por el accionar de esos mismos gobiernos y las empresas metropolitanas. Terminó CFK diciendo, al borde del llanto, "yo no quiero parecerme a países que expulsan a inmigrantes y dejan morir chicos en las playas". En verdad, ni CFK, ni la inmensa mayoría de los argentinos puede compartir el desprecio con que Europa ha manejado esta verdadera marejada de ciudadanos desesperados, que atraviesan países y continentes, buscando, apenas, un lugar bajo el sol donde sobrevivir, desarrollar esperanzas y acariciar a sus hijos. Sin embargo, es casi tan repugnante el desprecio por el prójimo que evidencian esos gobernantes europeos por los refugiados, como lo es la indiferencia de CFK y su gobierno frente a nuestros refugiados internos. Nos referimos a que, el mismo día en que CFK ensayaba televisivas lágrimas por Aylan Kurdi, acá nomas, en un hospital chaqueño -territorio "libre de pobreza" como se ufana el millonario gobernador Milton Capitanich- moría, por desnutrición y tuberculosis, el niño qom Óscar Sánchez. óscar apenas tenía trece años y pesaba diez kilogramos, mucho menos que el perro "Simón", mascota presidencial. El niño vivía con su padre y hermanos en un paraje del Inpenetrable, zona selvática alejada de la civilización a la que fueron arrojados muchos miembros de los pueblos originarios acorralados por los terratenientes, los sojeros, los gendarmes y los desmontadores. Apenas unos meses atrás, la misma provincia y en un paraje cercano, también era abatido por la desnutrición Néstor Fermenia, otro niñito qom de apenas siete años que, al morir apenas pesaba sólo doce kilos. No hubo lágrimas presidenciales por Óscar ni por Néstor, ni por los miles de niños que han muerto por causas similares en esta década larga del gobierno "progresista"...Tampoco hubo gesto alguno desde el poder "sensible" encarnado por CFK para atender el reclamo del centenar de qoms que acampan en la intemperie desde principios de año, a pocas cuadras de la Casa de Gobierno, reclamando la restitución de sus tierras y la protección de sus derechos.
LA HIPOCRESÍA DE UNOS Y OTROS...
Ríos de tinta, acompañados de fotos despiadadas que muestran a Óscar Sánchez como un niñito descarnado y agonizante, fueron vertidos por los medios de difusión hegemónicos, por sus diarios y noticieros. Todos ellos fueron puntillosos en exponer un hecho vergonzante para este gobierno; todos ellos recordaron la larga saga de abandono que sufren los pueblos originarios; todos se encarnizaron ridiculizando al gobernador del Chaco y sus delirantes respuestas ante la siniestra repetición de estas verdaderas tragedias que exponen, como pocas, la terrible injusticia y marginalidad que deja el Kirchnerismo después de una "década ganada". Sin embargo, no son menos hipócritas estos medios, sus propietarios y sus amigos que la propia CFK. Es que ninguno de ellos alude al problema central que está empujando a la desaparición de los más vulnerables del campo, sean o no pueblos originarios. Y no lo hacen por que, sencillamente, se benefician con el genocidio en curso. La tala indriscriminada, la destrucción del monte nativo y del medio ambiente, la contaminación de los cursos del agua, la expulsión de minifundistas, pueblos originarios y pobladores, la concentración de la propiedad agraria por derecha o por izquierda son los instrumentos con los que avanza, por nuestras tierras, el modelo sojero que todos ellos aplauden y del que todos son socios. Es inseparable el drama de  nuestros "refugiados" de ese modelo agro saqueador que destruye al campo y sus pobladores y que avanza sin cesar sobre los territorios de los pueblos originarios y los pequeños productores. Clarín, La Nación, Magnetto, Mitre, Saguier y Aranda son socios del complejo sojero y de Monsanto, son sus publicistas, comparten negocios, imponen leyes para proteger el monopolio de las semillas, atacan y desacreditan a quienes cuestionan el desastre en curso. Son tan socios como lo es el propio gobierno y los Macri y la oposición de derecha. Por eso no se hacen cargo de los miles de Óscar y Néstor que quedan el el camino. Tampoco se hacen cargo de los cinturones de miseria y violencia que rodean a las ciudades y donde se apiñan los refugiados criollos, los expulsados del campo. Menos aún de la verdadera epidemia de enfermedades cancerígenas que el glifosato y otros venenos desencadena en los pueblos del interior. Para ellos, todo eso es, apenas, un daño colateral.
Ellos, los unos y los otros, comparten este modelo, comparten los frutos de nuestro hambre y desamparo, viven de sus ganancias obscenas, pisotean la vida de Óscar y Néstor y de los que precedecieron y de los vendrán. Sus fortunas  mal habidas se hicieron más grandes y mal habidas que nunca en estos años don de la soja fue bonanza y riqueza. Tuvieron y tienen diferencias y hasta peleas, como cualquier organización mafiosa que se precie de serlo. Pero, también, como esas mismas mafias, arreglan todo dentro de los límites de la "familia". Por eso resolverán sus cuentas en reuniones, aprietes, causas judiciales y hasta mediante elecciones en las que sus pupilos solo disputan el tamaño de la tajada, elecciones que son apenas un casting de gerentes. Ninguno de ellos pierde, todo se arregla, todo es cuestión de precios, plazos y condiciones, como en cualquier negocio.
Sólo nosotros, el pueblo humilde y los miles de Óscar y de Néstor, somos los perdedores. Ellos los dueños del país, acuerdan que en épocas de vacas flacas, como las que vienen, la cuenta las debemos de pagar los pobres. Y, más allá de las diferencias que puedan exhibir los candidatos del régimen, son tantas y tan grandes sus coincidencias sobre el ajuste a aplicar contra el pueblo que resulta difícil distinguirlos. Es de esperar que los explotados podamos exhibir, cuando llegue el momento de enfrentar en las calles sus planes de hambre, la misma fuerza de unidad que hoy tienen nuestros enemigos. Y lo necesitaremos, por que el ajuste que traman es un verdadero mazazo contra los humildes que solo puede ser derrotado con la mayor decisión en la lucha y la mayor unidad en la acción.
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