Revista La Maza N° 66


EDITORIAL
  Aunque todavía el panorama electoral no se define, las tendencias generales que las encuestas y la realidad política establecen, indican que Daniel Scioli está a un suspiro de ganar las elecciones en primera vuelta. Es que la sucesión de errores de la campaña de Mauricio Macri lo han estancado por debajo del 30 % de los votos, mientras que el candidato peronista está arañando el 40 %. Con un empujoncito más puede cruzar esa barrera crítica y evitarse el suplicio de una segunda vuelta con resultado impredecible. Algo de eso se percibe en el ambiente de la política peronista y nada lo expresa mejor que el salto que están pegando viejos tránsfugas que acompañaban a Massa hacia el acogedor regazo del bonaerense. Los últimos episodios han sido protagonizados por la impresentable Mónica López, una mediocre puntera de Avellaneda, esposa del dirigente sindical Alberto Roberti, hasta ahora jefe de la bancada de diputados nacionales de Sergio Massa. La inexplicablemente millonaria (en un imperdible reportaje a la revista farandulera Caras confeso poseer sólo 240 pares de zapatos!) saltimbanqui, acaba de abandonar a Massa para apoyar públicamente a Scioli. Lo más grosero de la historia es que fue precandidata a gobernadora y que aun encabeza la lista al Parlasur de ese espacio!! Otro “borocotò” es el ex “oligarca rural”, Eduardo Buzzi, ex presidente de la Federación Agraria y conspicuo integrante de la Mesa de Enlace, ahora devenido en “compañero chacarero”. También él sintió el viento de cola que empuja hacia Scioli y, sin siquiera avisarle, dejo plantado a Massa después de haber sido su candidato a gobernador en Santa Fe. Ni que hablar de Diego Bossio, el titular de la Anses y miembro, hasta ayer de La Campora, quien ya ni atiende los llamados de Santa Cruz de tan ocupado que está en besar las manos de Scioli. La lista hacia abajo es larga y todos vienen empujados por el mismo ardiente entusiasmo por los principios que han guiado a los dirigentes peronistas durante décadas: el más importante es el que les dice que siempre hay que ir en auxilio del que va ganando! Y ellos se apresuran, en estampida, en darle cumplimiento. Por si faltaba algún dato, el alineamiento incondicional de algunos de los más “duros” piqueteros kirchneristas detrás de su candidatura, sin consulta alguna con Máximo y su Càmpora, muestran como viene la mano. Ahí están el Movimiento Evita, cuasi transformado en la juventud sciolista, Milagros Sala y Luis D Elìa. Compiten en ver quien jura más alto su lealtad al probable dueño de la billetera y las prebendas, con la misma sinceridad que Mónica López, Buzzi y los demás.
TRÁFICO DE LEALTADES,
LA ÚNICA VERDAD PERONISTA
Pero, no todas son buenas en el quincho de La Ñata. Es que el kirchnerismo puro comienza a olfatear que detrás del sciolismo se está empezando a recrear la antigua alianza de gobernadores, intendentes y punteros que supo articularse detrás de Eduardo Duhalde y que no es, precisamente, una garantía para la impunidad kirchnerista. Las recientes declaraciones del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, que acaba de afirmar, en Nueva York, que el próximo gobierno va a negociar con los fondos buitres una solución a la deuda en litigio, sonó a traición en puertas para el circulo presidencial y constituye un claro anticipo de lo que viene. Es que Urtubey es uno de los gobernadores más cercanos a Scioli y suena como un futuro ministro de su gobierno. La propuesta de reunificar al peronismo bajo el liderazgo del ganador estremece al kirchnerismo que se apresura a contar los porotos que le quedan y a intentar meter funcionarios por todos lados para contrarrestar la ofensiva que perciben se les viene encima. El rumor de que Scioli propondría a Margarita Stolbitzer como miembro de la Suprema Corte de Justicia fue recibida con escalofríos en Balcarce 50. La impunidad tan trabajosamente construida puede pender de un fino hilo con una corte decididamente adversa. Por eso no hay que extrañarse de los gritos desesperados de los desamparados kirchneristas de paladar negro, como la ex defensora de DDHH, Estela Carlotto, clamando por un pronto regreso de CFK después de un breve paréntesis sciolista, cuanto más breve mejor. Sin embargo, valdría recordar que la traición al viejo aliado ha sido la norma de la construcción del poder bonapartista en el peronismo. Menem cagó a Cafiero, Duhalde a Menem y Kirchner a Duhalde. La zaga va a continuar, si Scioli gana, porque en un partido que no es ni partido ni tiene programa ni banderas ni mística lo que manda y disciplina es la caja y manda y disciplina quien maneja la caja. Los mismos que fueron kirchneristas de la primera hora serán, a partir de diciembre, los primeros sciolistas. Claro que todo eso será si los vientos no cambian en estos pocos días que quedan para las elecciones. En tanto, la recesión, el desempleo, las suspensiones, el parate de la actividad económica, el dólar imparable en su escalada ponen de manifiesto el fracaso del modelo de “crecimiento e inclusión” que no fue crecimiento ni incluyo a nadie más que a los funcionarios kirchneristas, como lo demuestra, obscenamente, la cotidiana exhibición de sus inexplicables fortunas. El pueblo humilde soporta como se perpetra esta escalada contra su ya raído poder adquisitivo, en medio del fragor estruendoso de una campaña electoral donde millones y millones de pesos (que podrían ser escuelas, hospitales, vivienda, etc.) se dilapidan en avisos, actos, afiches y matracas. La soporífera acción de los comicios, junto a la inexpresividad de la campaña de los partidos de la izquierda legal, contribuye a que el despojo siga adelante sin mayores quejas. No obstante, pronto se disiparan los humos de estos fuegos de artificio y el régimen mostrará que, más allá del gerente de turno, el remedio es el mismo, sólo que en dosis más fuertes. El inexorable ajuste, la devaluación que todos admiten, el arreglo con los fondos buitres, el recorte del “gasto publico” (eufemismo para no decir que van a recortar en salud, educación, empleo, vivienda, transporte y tarifas) son el programa común de la burguesía. Ante eso se impone prepararnos para la resistencia, organizarnos en cada frente de batalla para defender conquistas que, aun siendo pequeñas, son fruto de grandes luchas. En esas batallas, en las que performances electorales poco importan, se profundizará el debate sobre los métodos y los objetivos de nuestras luchas y se delimitaran los campos. Ante el programa común de la burguesía se imponen el programa y el frente común de los oprimidos y la decisión de ganar las calles para seguir escribiendo páginas de historia como aquellas del 2001.

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