Revista La Maza N° 71


EDITORIAL
  El devastador golpe a los ingresos y los derechos del pueblo trabajador descargado por el gobierno de los ricos impuso una obligada pausa a nuestra edición. Hoy  volvemos a poner en sus manos un ejemplar de LA MAZA, en edición, por ahora, bimestral.  Lo hacemos con un gran esfuerzo de nuestra organización, de la Revista y de los compañeros que la sostienen. Y reaparecemos en momentos en que la situación política nacional e internacional exige una gran respuesta de los trabajadores y los pueblos  ante la miseria creciente impuesta a los oprimidos  y ante la amenaza de la barbarie bélica  como respuesta probable de los explotadores a la crisis sin solución del régimen capitalista.
La cuasi destrucción –en vías de desarrollo- de la Unión Europea, la salida de Gran Bretaña de ese marco continental, el triunfo de Donald Trump en EE.UU., las amenazas electorales representadas por fuerzas nacionalistas de derecha en Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda, Hungría y otros países europeos, los debates en torno a la disolución de la OTAN, la guerra sin fin en Medio Oriente,  las amenazas a China y el resurgimiento del proteccionismo económico, los nuevos realineamientos y alianzas militares a nivel internacional, son claros síntomas del fin de una época en el dominio capitalista. Una época de crisis  de la dominación que se da  en el marco de una economía globalizada paralizada y colonizada por el parasitismo especulativo y por una concentración de la riqueza en manos de un puñado de personas y bancos nunca vista en la historia moderna.
Los organismos y acuerdos sobre los que se construyó y sostuvo la hegemonía mundial del imperialismo yanqui y la banca sionista, todos ellos, crujen ante el incontenible empuje centrífugo originado  en el agotamiento productivo de un  sistema en el que la creación de riqueza real ha pasado a ser sustituido por la ilusión de la  especulación financiera.
La OMC, baluarte del libre comercio y la globalización, aparece como un anacrónico Cid Campeador intentando frenar la ola de proteccionismo, el aumento de los aranceles de importación y  las guerras comerciales que, como siempre ha sucedido, anteceden a las verdaderas guerras.  Los foros internacionales aparecen impotentes para detener la irrupción del nacionalismo y el populismo de derechas en los principales países metropolitanos. La ONU, el BM, el FMI siguen el mismo camino.
Paradójicamente, es en los principales países imperialistas, antiguos abanderados del libre comercio y la globalización, donde aparecen con más fuerza los proteccionistas, los aislacionistas, los racistas y xenófobos.  Y no hay nada de fortuito en ello: impulsados por sus propios capitalistas,  sus gobiernos alentaron el éxodo de sus empresas hacia los paraísos de los salarios de esclavos, des industrializándose y desestructurando sus modelos económicos en beneficio de los grandes monopolios y la banca usuraria, a cual  más apátrida que el otro. Basta con decir que  en EE.UU. la principal empresa (por ventas, ganancias, cantidad de empleados) es un comercio minorista, el supermercado WALL MART, donde, por otra parte, el 95% de los artículos ofrecidos son producto de la mano de obra esclava asiática. No hay que extrañarse, entonces, de que la participación de EE.UU. en el Producto Bruto Internacional haya caído, en cincuenta años, a una tercera parte de lo que fue en la post guerra y de que estemos en presencia de su ocaso imperial.

EL MUNDO SOÑADO ES UNA PESADILLA

En ese mundo que se fragmenta y hostiliza, que se cierra sobre sus partes y que expulsa todo lo que le parezca extraño o riesgoso,  pretende Mauricio Macri “insertar” a la Argentina. En realidad, en consonancia con la  estrechez de miras política que caracteriza a su clase,  el macrismo fue incapaz de leer el rumbo que tomaban los acontecimientos globales. El mundo al que Macri aspira pertenecer está desapareciendo bajo sus pies de manera acelerada, ya es pasado. No servirán  de nada los gestos serviles, la alcahuetería, ni las humillaciones. Son las implacables leyes de la economía global las que imponen la agenda política. No hay ni habrá flujos de inversiones reales, productivas, hacia los países periféricos. No hay ni habrá grandes créditos baratos y a largo plazo. No hay ni habrá plata para grandes  obras de infraestructura. No hay ni habrá mercados receptivos hacia la producción nacional, ni siquiera para la miserable cuota de limones tucumanos rechazada por EE.UU.  Ya no hay alta demanda de materias primas, incluyendo la soja y sus derivados. Ya no habrá altos precios para esos commodities. El gobierno de los ricos sólo podrá aspirar a recibir oleadas de capitales golondrinas, especulativos, saqueadores, que ingresan al país por cortísimos plazos para aprovecharse de las altas tasas de interés en pesos que paga el Banco Central, el mismo que mantiene fija la cotización del dólar para garantizar ganancias en divisas a los estafadores.  Y todo ese saqueo se justifica para sostener la ilusión de que vienen dólares al país, ilusión que no moverá el amperímetro de la economía real, pero que si engrosara los bolsillos de los banqueros, los intermediarios y los funcionarios que lo permiten.
En un año electoral que va a determinar el futuro político del país y del gobierno, la economía real sigue en picada. Caen los salarios, cae el consumo, no hay inversiones y la bronca popular es una olla a presión levantando temperatura. Sólo la  traición de la burocracia sindical siempre servil, la inoperancia de la oposición política y la colaboración de algunas grandes organizaciones sociales convertidas en auxiliares del gobierno, explican que esa olla aun no haya estallado.
Sin embargo, el reciente tarifazo eléctrico, el próximo del gas, los aumentos constantes de los  combustibles y peajes, la inflación sostenida, el kilo de pan a $ 50 y de carne a $ 120, la ausencia de empleos, el escándalo del Correo y la pérdida de poder adquisitivo del salario se estrellan contra el optimismo del  discurso  oficial y angostan los márgenes de los colaboracionistas. Es por eso que hasta traidores consumados como Antonio Calo (UOM) han debido impulsar la movilización de los metalúrgicos ante los despidos  y suspensiones que sacuden su gremio. Es por eso que los traidores de la CGT anuncian –con más de un mes de anticipación!!!- un paro dominguero para descomprimir la bronca social y evitar el estallido. Es por eso mismo que el triunvirato piquetero colaboracionista (los maoístas de la Corriente Clasista y Combativa, los  ex kirchneristas  del Movimiento Evita y los oportunistas de Barrios de Pie) anuncian civilizadas jornadas de protesta, oportunamente bendecidas por Jorge Bergoglio. El optimismo del discurso oficial apenas puede  traspasar  las alfombras de los despachos y se desmorona ante la realidad.
Este 2017 se plantea como un año de grandes luchas, el año en el que después de la confusión inicial amplios sectores de la población, incluida la siempre volátil clase media, se dispone a enfrentar el hambre y la miseria que impone el gobierno de los ricos. Los riesgos electorales se conjugaran con la protesta social, poniendo al gobierno en una situación de extrema vulnerabilidad. Bien puede ser el año en el que el pueblo levante cabeza y ponga en fuga  al más impopular  gobierno de la historia reciente. Ese es nuestro desafío.

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