Revista La Maza N° 72


EDITORIAL

Mauricio Macri ha recorrido por estos días todos los centros del poder económico mundial mendigando inversiones,  préstamos y acuerdos comerciales. Ha recibido un sinfín de condescendientes palmaditas en la espalda, algunos abrazos y cálidos augurios de éxito. Pero, cuando se hablo de dinero, un silencio glacial cortó cualquier conversación. Macri aún no registra que el mundo adonde quiere ir y donde quiere entregar los restos de soberanía que quedan, no quiere o no puede venir a éstas tierras. La profundidad y prolongación crónica de la crisis económica internacional aleja planes de inversiones serias y a largo plazo. En la crisis, el capital es más cortoplacista y cobarde que nunca, se refugia en los templos del dinero y sólo incursiona fuera de sus muros cuando las oportunidades son soberbias y rápidas. Por eso es que los únicos capitales que vienen al Río de la Plata son aquellos de paso fugaz, que tocan, roban y se van, y ni siquiera agradecen la bicicleta financiera que el generoso Banco Central de Macri les obsequia.
Pero lo que está constatando en persona Macri no es sólo el fracaso de su pueril estrategia económica (parece que las inversiones las traerán los Reyes Magos, el problema es que no se sabe en cual 6 de enero!!) sino el estado de convulsión en que se encuentra el mundo. Transformada en endémica la crisis económica, el capitalismo ya está librando la batalla de semi-fondo: disputas comerciales, especulación con monedas, guerrillas cambiarias, sanciones económicas, dumping y cuanto truco desleal exista  para tirar encima del otro el quebranto de la sobreproducción.
Pero, como todo combate preliminar, este tiende a dejar paso a la pelea de fondo. Y esta no es otra que el alineamiento con uno u otro bloque imperialista para zanjar el nuevo reparto del poder mundial. La inocultable decadencia económica de EE.UU., el crónico crepúsculo de Japón  y el estancamiento  de su aliado europeo –ahora más débil por el Brexit- contrastan con la dinámica de sus adversarios. Aún con un ritmo más lento, la economía china sigue conquistando bazas y poniendo sus marcas en cuanto espacio económico queda libre. Es el mayor inversionista en África, está a punto de serlo en América Latina y esta sacándole provecho a la destrucción del Tratado del Pacifico que ha emprendido Trump para comerle a EE.UU., una tras otra, sus fichas en Oriente. Rusia, por su parte, está saliendo de la recesión y se recuperó sin mayores inconvenientes de las sanciones impuestas por su rol en Ucrania. No goza del brillo de otras épocas pero, en un contexto tan opaco como el de sus vecinos occidentales, saca chapa de rival.  Se ha repetido hasta  el cansancio que la economía no es todo y que EE.UU. aún tiene supremacía militar sobre sus dos grandes contendientes. Sin embargo, los recientes sucesos de Corea llaman la atención sobre ese paradigma y convocan a  reexaminarlo. Porque no cabe dudas de que una pequeña nación, gobernada por una dinastía con un inédito modelo de “feudalismo atávico y comunismo asiático”, le puso freno a la prepotencia yanqui, dejando en ridículo a todas las altisonantes amenazas del pintoresco presidente de EE.UU. Basto que un par de consejeros y generales le recordasen que Corea tenia efectivamente capacidad nuclear como para borrar al Japón del Mapamundi, amenazar a Australia y Oceanía y hacer desaparecer Seúl y que estarían dispuestos a hacerlo, para que el ultimátum yanqui se transformase en un ruego a los chinos para que frenen el desarrollo nuclear coreano.  Ruego que, demás está decirlo, cayó en saco roto. Por lo  visto, el paradigma de que EE.UU. sigue teniendo la voz de mando porque tiene mayor capacidad nuclear está siendo puesto en tela  de juicio. Ya no se trata de tener muchas armas atómicas, sino de tenerlas, aunque sea algunas, para que el imperio no se atreva a atacar.  Corolario que no pocos en el mundo han registrado, Irán entre ellos.

LOS INFRUCTUOSOS ESFUERZOS DEL CHUPA-TRUMP.

Pero, aún con esos límites infranqueables que el poder nuclear impone, las potencias se preparan para tiempos de espada. Todos aumentan sus presupuestos militares, todos encaran la producción de nuevas y mejores armas, todos construyen barcos, portaaviones y aviones, todos quitan recursos de la educación, la salud y el bienestar de sus pueblos para afilar la espada. La persistencia de la crisis y la caída de las ganancias son el motor del belicismo y no parecen tener solución a la vista.
Difícilmente ese mundo convulsionado repare en los gestos serviles de un presidente patético, que ni siquiera tiene asegurados los últimos dos años de mandato y que suplica inversiones que ya no están disponibles. Aunque es reconocidamente duro de entendederas, algo de eso ha comprendido Macri. Ya no  habla más de las inversiones que van a venir. Ni menciona al semestre que viene. No alude a inciertos proyectos productivos que pondrán en marcha la economía. Ya no sugiere que Brasil saldrá de la recesión y vendrá en nuestra ayuda.  Nadie les cree y es asegurarse un sitio en el ridículo seguir insistiendo con esas promesas. Es mejor no hablar de economía y machacar con la herencia recibida, con la corrupción de los K, con la batalla cultural de la nueva política y huevadas como esas que cansan a cualquiera menos a los bien alimentados  miembros de  los escuadrones de zombies que aún aplauden al gobierno. El verdadero programa económico de este gobierno es, ni más ni menos, el que estamos sufriendo. No hay nada mejor, no hay nada más que ajuste, ajuste y mas ajuste, miseria y más miseria. Todo lo demás es verso. No hay nada más  que esperar. Es esto.  Ni el amigo Todesca, en el INDEC, es capaz de inventar alguna cifra optimista sobre el presente y, mucho menos, sobre lo que vendrá. Sólo la complicidad de una dirigencia sindical corrupta que recibe dinero a manos llenas, la pasividad de organizaciones de desocupados que han copiado la lógica sindical de asegurarse los favores del poder a cambio del cese de hostilidades y la miopía y el parlamentarismo en que se ha sumergido la izquierda, le permiten al gobierno seguir perpetrando este verdadero genocidio económico contra los desposeídos. No obstante, aun huérfano de dirigentes (con estos dirigentes la orfandad es lo mejor que podía pasar!!) el movimiento de masas no baja los brazos y sigue protagonizando una batalla heroica. Lo hacen los docentes de todo el país, los empleados públicos  de Santa Kruz, los miles y miles que rebosaron las plazas repudiando el fallo de los jueces macristas que aplicaron el 2x1 a genocidas y muchos más en todos los rincones del país.
Ante eso, de poco servirán las palmaditas y lisonjas de los amos imperiales. Mucho menos las marchas de los escuadrones de viejos zombies gorilas que no representan más que a su pasado.

La historia del fin del macrismo se está escribiendo cotidianamente en las calles del país y bueno sería que los adoradores de las urnas tomaran cuenta de ello. 

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